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Tres son multitud: ligoteando con el más allá.

martes, 3 de abril de 2012
¿Sabéis? La gente tiene formas muy distintas de vivir la vida. Ya no me refiero a cómo afrontar los problemas o qué hacer si las cosas no van como tú habrías deseado. Hablo de vivir y entender unos sucesos (en los que tú estabas implicado) de una forma substancialmente distinta a la realidad. Me explicaré.

Días previos a mi viaje a Alemania (de ahí mi desaparición estos días), tuve el placer de tomarme un café con diversas compañeras para un intercambio de información acerca de vidas ajenas. Cotillear, vamos.Y entre risas y comentarios morbosos, sale a la luz un "personaje" de mi vida pasada: Zumbidos.
Veréis, tengo que decir que yo estaba en una etapa de pura efervescencia cuando conocí a este individuo. No, no intento justificarme ni nada de eso, no... Bueno, en realidad sí.
Pero al tema, que me lío: Zumbidos me fue presentado por una allegada mía en una noche de sábado habitual, con un par de copas de por medio. La verdad es que no me llamó demasiado la atención. Parecía demasiado tímido y poco extrovertido, lo que le sacaba todo posible encanto de machomen. Seguimos festejando alegremente el resto de la noche y al día siguiente me encuentro con una petición de amistad suya en el feirsbuk, con ese típico y neutro mensaje de: "Olaaaaa =)". "Qué trujada", pensarás, pero le agregué y fingimos tener una conversación donde yo hablaba y él aporreaba el teclado devorando vocales a una velocidad que no habría podido imaginar jamás.

Entre chorradas y faltas de ortografía, terminó por confesar que estaba pillado por mi amiga Haru. ¡BOMBAZO! Porque Haru estaba emparejada en ese momento y ya había compartido conmigo, además de su copa de vodka, que ese chico le resultaba un poco raro... en el peor de los sentidos. ¡De aquí podría salir algo grande! Y me tiré el resto de la semana deseando que llegase ya el sábado-noche para reencontrarnos y ver qué sucedía. ... Pero no sucedía nada. Todo el mundo hablaba y se divertía con normalidad, salvo yo que, intentando desasirme de la aburrida conversación que tenía con Zumbidos, me levanté para ir al baño. Tras hacer lo que nadie podía hacer por mí, me encuentro con este personaje en la puerta del baño con una cara entre estreñimiento y CHONImiento ocasional. Luego descubriría que era lo que él entendía por una "cara sexy". ¡Que baje Dios y lo vea! Pero que no vea como el chavalito empezó a meterme mano y yo me dejé, que nos pega una colleja a cada uno con la biblia por desviados y sodomitas.

Y así fue como al día siguiente me levanto con un fuerte dolor de cabeza, y empezando a recordar todo lo que sucedió en el baño, comencé la mañana con una agradable sonrisa para acabar en la mejor réplica de carne y hueso que jamás se haya visto de El grito. Agarré el teléfono y llamé a toda velocidad a Haru para contarle lo sucedido. Tras reírse en mi cara, telefónicamente hablando, me dice que me he liado con un zumbao'. Un zumbao', que además de haberla estado acosando toda la noche (y al que ella acabó rechazando de muy malas formas), tras lo sucedido en el baño, le confesó que veía espíritus y tenía contacto con ellos para ayudarles a cruzar *inserte voz mística aquí* al otro lado. Según me aseguró, Zumbidos se le acercó y le dijo en susurros: Haru, tengo un visitante... Y ella, que siempre ha sido de pensamientos exhaustivamente profundos, creyó que se refería a una erección y dirigió su mirada a un punto equivocado de la anatomía de este tan fabuloso "médium", justo antes de que él empezará a explicar a qué se refería exactamente. Por supuesto, no volvimos a verle.

Y ahora, más de dos años después, descubro que además de estar saliendo con una estudiante de matemáticas, estuvo comentando entre sus círculos y a una de las compañeras que he citado anteriormente, que Haru le había insistido para que hiciésemos un TRÍO pero que él se había negado, a pesar de que yo presuntamente le había dicho que me apetecía mucho,  porque no quería interponerse en nuestra amistad y acabar con ella.

¡¿HOLA?!

Al menos Haru se lo toma con humor. Tras contárselo me mandó el siguiente SMS: "Oye, Pájaro, ¿nos hacemos un cuarteto? Tú, yo, Zumbidos y un espíritu. Esta noche en mi casa. Trae la ouija."

Mi sorprendente mundo (2ª parte)

viernes, 9 de marzo de 2012
¿Sabéis? Yo siempre he tenido claro que la vida puede llegar a alcanzar límites de surrealismo importantes, rozando lo inaudito la mayor parte del tiempo, pero hay días en que, por cómico que consideres ese movimiento artístico/literario, vuelve a impresionarte. Con este pensamiento llegamos a la segunda entrega de mi sorprendente y delirante mundo (muy pronto en su librería más cercana).

Uf, parece que es viernes y la cosa se relaja: empieza el fin de semana, la fiestuqui y la música de máquina suena por las calles que, por cierto, se llenan de ociosos adolescentes y mujeres ya entradas en años que salen a andar. Y, entre toda esta gente, estoy yo, Pájaro, que tengo a bien aprovechar el buen tiempo para que me de un poquito el sol y, de paso, cortarme el pelo. Por eso, decido encaminarme con suficiente tiempo hacia la peluquería hasta que llego al rellano y, ¡¿qué ven mis ojos?! ¡¿Es ese el vecino del tercero metiéndole mano (de una forma totalmente literal) a su mujer?! 
"¿Perdón?" es lo único que se me ocurre decir antes de seguir corriendo escaleras abajo. Pero mi huida no sirve para tanto como creía, ya que cuando llego al siguiente descansillo me encuentro a un hombre vestido con una ropa mugrosa y harapienta, con una barba canosa enorme y fuertemente sujeto a un brick de vino del super que hay a menos de 200 metros (no es que sea un clasista o un insensible, pero entendedme, no esperaba encontrarme a alguien así en las escaleras de mi edificio). Intento pasar a su lado sin interferir en sus actividades poco sanas relacionadas con el alcohol, cuando decide cambiarme por el brick y agarrarse fuertemente a mi pierna mientras comienza a gritarme cosas en un idioma que no consigo comprender. Yo, que siempre me he caracterizado por mi valor y templanza, empiezo a gritar auxilio e intentar desasirme de las férreas manos del individuo. Por suerte, la siempre al acecho vecina del primero, sale de su casa, escoba en mano, y al grito de "¡¡Eeeeeh!!" consigue que el hombre me suelte y decida poner pies en Polvorosa.

Minutos después, más relajado, le doy las gracias y, tras una agradable conversación acerca de los peligros que hoy acechan a los jóvenes en las calles, continúo, como si nada hubiera pasado, mi camino hacia la peluquería. Cual es mi infortunio al llegar que resulta que los viernes abren una hora más tarde de lo que yo tenía previsto, así que tendría que esperar unos 32 minutos, aproximadamente. No tuve demasiado tiempo a aburrirme: 3 minutos después escucho como se cierra la puerta del edificio y unos pasos suben lentamente, dándome oportunidad a sumirme en las fantasías de que un viejo conocido, mugroso y harapiento, vuelve para terminar lo que había comenzado sin señoras armadas que pudiesen defenderme esta vez. 
Pero, ¡¡nada más lejos de la realidad!! Veo aparecer a un jovencito, de unos 27 años, pelo oscuro, 1,90 y ojos marrones, ataviado con un increíblemente erótico chaleco reflectante, que me da las buenas tardes y me comenta, con una brillante sonrisa, que si espero por la apertura de la peluquería todavía falta media hora. Le digo que lo sé y le doy las gracias igualmente, devolviéndole la sonrisa. Estuve a punto de intentar meterle ficha, pero tal y como iba la tarde preferí no hacerlo, no me vaya a encontrar con algún tipo de psicópata-asesino al que le divierte torturar a sus víctimas degollando ositos de peluche en su presencia (Me arrepiento de no haberlo hecho.).

Saltándonos la poco interesante parte en la que me corto el pelo e intercambio mensajes triviales con mi peluquera acerca del tiempo, de vuelta a mi dulce hogar, me cruzo con el protagonista de la primera entrada de la saga Mi sorprendente mundo, al que llamaremos Gorra, y comenzamos a charlar, poniéndonos un poco al día sobre las últimas semanas, cuando ¿quién aparece por ahí? Oh, sí, pajaritos míos, el chulo playero con el que, por si fuera poco, en las últimas semanas venía teniendo más que algún que otro encontronazo. ¡Esto prometía!
Y yo, que además de por mi valor, sabéis que destaco por mi falta de rencor y mala leche, me lanzo a plantarle un beso a Gorra... ¿QUÉ DIGO UN BESO? Creo que pude hasta darle un masaje tailandés a su páncreas con la lengua. Y mi amigo playero se quedó durante un par de segundos paralizado en medio de la calle. De piedra, vamos. Y este pajarillo que os escribe movió la cola orgullosamente y se despidió de Gorra, con la promesa de una llamada pronto, para seguir su camino, chocándome a propósito con el chulo playero (de acuerdo, tal vez no fue a propósito... Yo también me pongo nervioso, ¿vale?).

¡Y solo son las 7 de la tarde! Este fin de semana se presenta movidito, ¿no os parece? ;)

Me siento Pantoja: "Hoy quiero confesar..."

lunes, 5 de marzo de 2012
¿Sabéis? Jamás os fijéis en nadie a través de la web. Es lo peor. Sólo consigues sentirte muy frustrado por no poder hablar con él/ella mientras esa otra persona ni siquiera se da cuenta de que existes. Oh, bueno, en el peor de los casos, primero te presta atención, intercambiáis un par de mensajes privados, y acaba por pasar de tu culo, sin ni siquiera molestarse en darte una respuesta a lo que tú sigues escribiéndole, no os vayáis a pensar que puedes acabar con algo de dignidad. ¡Qué gente sin corazón, por dios!

Estoy tan requemao' con esto porque recientemente, aunque creía que venía de vuelta, ha vuelto a sucederme. Todo empezó cuando vi su vídeo: ¿Por qué tenía que resultarme tan atractivo su sentido del humor? Por no hablar de su físico, que se ajusta con completa precisión a mi pensamiento de hombre tierno y abrazable. Además, ahora que la revolución tecnológica ha llegado a este blog (ved que he añadido un montón de cosas ahí ->, en el lateral ;) ; ¡Todo para que tengamos más contacto!), puedo contactar con él con mucha más facilidad, a un solo click. ¡Qué maravilla! ... O no tanto. Porque sí, he hablado con él y he descubierto que me parece más gracioso y divertido que antes... pero también que goza de restregarse cibernéticamante contra todo hombre que esté a menos de dos clicks a la redonda. "¡Qué desagrable!", pensarás, y que cómo me pude interesar por alguien así, pero, pajarit@ mí@, el interés ya está ahí y para una persona especialmente romántica o enamoradiza (que yo no lo soy pa' na', vamos, ¡¿pero qué dices?!) eso es letal. La has metido hasta el fondo. Y ni siquiera eso, porque solo ha sido la pata.

Y luego siempre tardo siglos en desengancharme. El estar enamorado y no ser correspondido es como una especie de droga que genera una adicción mucho mayor que esas otras cositas ilegalmente sospechas que rulan en las mugrosas entradas de pubs y discotecas de por aquí. ¡¡Deberían perseguir y detener a las personas que se dejan querer y dejarse de tonterías!! Porque lo peor es que, si en algún momento le explico cómo me siento, me dirá que es culpa mía, que estoy como una chota y/o que tengo un corazón más volátil que las bragas de alguna que otra famosa de serie B.

Hablo de esto como algo puramente tecnológico, pero que me pasa en mi día a día, también. Y se producen situaciones especialmente incómodas y vergonzosas para mí. El último caso que recuerdo es el de un ser de neurona solitaria a la par que gilipollas: me lo presentaron como un chavalito guapete y corriente, en plena efervescencia adolescente, pero bueno, una cosa controlada. Y no tuvieron el placer de presentarme a su orientación sexual. Pero a ver, conjuntaba su sudadera rosa con unos deportivos rosa, ¿vale?
¡¡LOS CONJUNTABA!!

A ver, en serio, ¿qué habrías pensado vosotros? Y siempre rodeado de mujeres... Por no decir que le encantaba guiñarme un ojo o sacarme la lengua cuando nos cruzábamos, fuera el sitio que fuese. Y llegó el día de la gran fiesta que se llevaba comentando en nuestro círculo de amistades desde hacía semanas: una fiesta de disfraces de Halloween. Y donde yo me dediqué a coquetear como si no existiese un mañana y llevase meses y meses sin contacto masculino real (... eso a lo mejor no era del todo falso...).
Coquetear... Bueno, creo que es un término un poco suave para lo que me dediqué a hacer en esa fiesta (llegué a sugerirle, PÚBLICA Y TOTALMENTE EN SERIO, que nos acostáramos en la encimera de la cocina de la casa donde se estaba celebrando la super party: la de su mejor amiga). Y él, pues nada, se dedicó a seguir jugando conmigo a lo largo de la noche, a hacerme comentarios ligeramente subidos de tono y a no rechazar mi contacto, sin conseguir que yo me diese cuenta de que no le interesaba para nada lo que le estaba proponiendo. No fui consciente de esto hasta la mañana siguiente. Me gustaría decir que hubo alcohol en esa fiesta pero no fue así, lo que lo convierte en algo todavía más horrible, ¿verdad?

Sólo espero que al menos vosotros sí podáis sacarle algún provecho a mis desesperados intentos de ligoteo, cibernéticos o no. Por lo de ahora, os invito a seguirme en twitter: ¡prometo enamorarme de vosotros y no dejar de acosaros! ;)

"¿Qué hemos aprendido hoy, niños?" "¡Que a Pájaro nunca hay que darle de beber Coca Cola Light!"

En realidad no soy un pájaro: soy un mapache ciego

martes, 31 de enero de 2012
¿Sabéis? Aunque en ocasiones me guste dármelas de observador y perspicaz pájaro que se anticipa a lo que sea, la verdad es que soy muy, muy, MUY malo detectando señales; de cualquier tipo, pero especialmente amorosas. Veréis, recientemente ha sido mi cumpleaños y comenté entre mis allegados que no pensaba celebrar ningún tipo de fiesta (de hecho, llevaba sin celebrar nada desde hacía unos 10 años) y que ni se les ocurriera a ninguno de mis amigos del nido preparar nada sorpresa porque ¡odio las sorpresas! E ingenuamente creí que mi amenazadora advertencia de muerte funcionaría. Pero me equivoqué. Y la fiesta sorpresa me pilló... por sorpresa, valga la redundancia. ¡Y no porque la gente no me diera señales! A una de las asistentes a la fiesta, la cual yo en ese momento desconocía, se me ocurrió sugerirle que se viniera a cenar conmigo ese día para "celebrarlo" y poder tener una agradable y larga conversación. Su respuesta fue que ya le habían informado de esa cena y que estaba pendiente de si podían ofrecerle alojamiento. ¡Vaya! ¿Cómo podía ella saber nada acerca de esa cena si yo no lo había hablado con apenas nadie? Que sospechoso me resulta todo... Ahora, porque en aquel momento ni siquiera se me ocurrió desconfiar de nada. Y os diré, para no alargar mucho esto, que ese fue probablemente el menor de los canteos que tuvieron mis capullos, y un tanto descuidados, colegas.

Lo verdaderamente divertido es lo mal que detecto las señales amorosas. Y es que aunque se cubriesen de guirnaldas y bombillas, y me las señalasen con luces de neón, no sería capaz de ver señal alguna (algo parecido me sucede con las de tráfico). El último ejemplo, presuntamente, ha sido con un hombre del que me quedé profundamente colgado nada más verle: veintilargos años, 190 cm, complexión y estado físico MUCHÍSIMO más que aceptable, ojos verdes y un moderno corte de pelo. ¡Y, para colmo, era mi profesor de teatro! Así que el contacto físico estaba más que garantizado. Pero yo no soy tan superficial, ¿vale? ( ... no ha colado, ¿no?) Sin embargo, en cuanto abrió esos carnosos y tiernos labios que esbozaban una sonrisa entusiasta, aliñada por una buena y hermosa dosis de hoyuelos, supe que tenía el intelecto y la madurez exacta y necesaria que yo podría desear de cualquier machomen. Una vez iniciada la clase, siguieron unas intensas miradas, al menos por mi parte, y un intenso intento de acercamiento... Sin demasiado resultado, la verdad. Así que me vuelvo a casa con las plumas entre las piernas. Es entonces cuando decido sacar el espejo para preguntarme qué había podido fallar y fue cuando comprendí que aquel hombre de mundo, maduro y experimentado, jamás se fijaría en este poyuelo desaliñado y adicto al tinte rojo. Me hundí en la tristeza y la decepción. Hasta que una cercana a mi persona decidió apuntarse a estas clases. ¡Y vaya clase esperaba! Todo empezó con mi renovado intento de conquistarle con miradas furtivas, profundas y penetrantes, para acabar teniéndole subido a mi espalda, con la sangre totalmente acumulada en mi cara (de hecho, fuentes cercanas a la investigación aseguran que no se podía distinguir mi cara de mi pelo (ya os he dicho que me tiño de rojo, ¿no?)) y sin tener muy claro donde debía poner las manos. Sin embargo, volvió a poner los pies en el suelo antes de que pudiese decidirme a aprovecharme de la situación. Nos propuso un ejercicio que se presentaba divertido e intenso... y lo fue. Debíamos imitar absolutamente todo lo que él hiciera. Parece fácil, ¿verdad? Já! Se gira hacia mí antes de estar del todo preparado y me dice: "Yo te quiero." Y, como si un viaje no le hubiese parecido suficiente, mi sangre decide volver a hacer turismo por mi rostro mientras yo repetía la frase sin dejar de mirarle, imitando sus movimientos.

Tras un par de ejercicios más del mismo tipo, nos permitió darnos un pequeño descanso y yo decidí acercarme a mi acompañante y nueva asistente a las clases (sé que perdí la oportunidad de charlar con él, pero en ese instante no respondía de mis actos), la cual me dijo: "Pájaro... ¿A qué viene esa tensión sexual que os traéis tú y el profesor? Yo os pagaré el motel así que podíais relajaros un poco, ¿no?". No creo que deba explicaros mi reacción de incredulidad. Pero sí comentaré que intenté fijarme en esa tensión mientras le enviaba miradas, esta vez sí, totalmente lascivas. Y no pareció reaccionar del todo mal, la verdad. 

Para mi desgracia, la próxima y última clase es dentro de una semana ¿creéis que debería intentar algo extremo y/o desesperado? ¿o simplemente sugerirle que un café conmigo es una buena inversión de tiempo? Francamente, no me apetece renunciar a la idea de intentar algo. Pero tenéis que entenderme: los pájaros del norte estamos acostumbrados a sentarnos en alguna rama y esperar a que las fieras hambrientas vengan en nuestra busca; lo de ser cazadores de buenos y atractivos mastuerzos no es nuestro fuerte.